jueves, 24 de julio de 2014

César Calvo - Estreno de Lujo - poesía audio y vídeo



César Calvo , Premio Nacional de Poesía del Perú declama "Estreno de Lujo", en su Cumpleaños,  24 - 25 - 26 de Julio,
gracias a la cineasta Nora de Izcue quien rescató la grabación 
en La Habana - Cuba.


Bajar como pps para oír la voz del Poeta.

Vídeo



Para ver el vídeo en pantalla completa click en
https://www.youtube.com/embed/O30d1TRQ_0w

Estreno de Lujo

En un cuarto de hotel, 
flores y moho de la aventura.
inventamos un inútil aroma, 
cierta casa junto al mar,
no la Luna. 

Una lámpara muerta estrena tu cintura,
resucita en el espejo,
alguien que no somos nosotros se fatiga
suenan cuerpos callados. Memoria.

Y tu duermes confiada mientras hablo
respiras lejos, desnuda, dolorosamente.
En medio de estos muertos que no se acaban nunca de morir
hace frío.

No el rumor de eucaliptos, de las olas
te despierta
y te cubro otra vez con fuego vano, delgado.

César Calvo

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¡¡¡ SALVE ...CÉSAR !!!

Edita Dr Guillermo Calvo Soriano de Lima - Perú

martes, 22 de julio de 2014

César Calvo: un pedestal para Nadie, para Ángel - Hildebrando Pérez Grande

Era la hora del antifaz y el peligro…
César Calvo


César Calvo y Alfonso Barrantes

En mayo de 1967, la Casa de las Américas publicó, en su Colección Premio, con una impresionante carátula diseñada por Umberto Peña, El Cetro de los Jóvenes, que había recibido Mención Honorífica meses antes en su prestigioso concurso. En este volumen dedicado a Javier Heraud, Luis de la Puente Uceda y Edgardo Tello, protagonistas de las luchas sociales en el Perú, en los inicios de la década del 60’, se encuentran los poemas “Viejo tiempo nacido bajo el cielo” (pags.15-16), “A la orilla del Drawa, alguna vez” (pags. 23-24) y “Palabras para un ciego” (Pag. 27). Estos textos los volvimos a leer en la edición de Pedestal para nadie (Lima, INC, 1975), volumen que reúne toda su producción lírica y en la reciente edición de este libro con el mismo título (Lima, Mesa Redonda Editores, 2010), que trae, además, un dossier gráfico y el manuscrito de un poema inédito. Con Pedestal para nadie, César Calvo (Lima, 1940 – 2000), obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1970. En estas dos ediciones, los poemas mencionados más otros cinco adquieren independencia y se incluyen como un cuaderno singular: El último poema de Volcek Kalsaretz (1965).

Desde sus primeros poemas César Calvo deslumbró por su lenguaje enjoyado, por la riqueza cromática de sus imágenes, por el velo de melancolía y apagada tristeza que expresan sus versos por el bien perdido, esto es: la infancia, el amor redentor, la armonía social así como por la tensión lírica que a ratos encrespa su escritura ante la soledad, el desamparo, la injusticia, el desamor, la muerte. Quien visite la poesía del autor de Ausencias y retardos, por otro lado, sabrá saborear un lirismo próximo al lenguaje onírico, a las ardientes playas del surrealismo subyugante. Y no debemos dejar de anotar su gran manejo del ritmo, y la musicalidad sensual con que el poeta seduce a sus lectores. Poesía, pues, de una imaginación calcinante, de una orgía verbal sin fronteras, de urgencias y demandas por un orden social más justo.

Cierta tarde, cerrando la década convulsionada de los 80’ en todo el Perú, horas antes de que César Calvo ofreciera una lectura de sus poemas en el Taller de Poesía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, compartió con Alejandro Tamashiro y con quien suscribe esta nota, un secreto celosamente guardado por muchos años. El poeta nos hizo leer los tres poemas mencionados en el párrafo inicial y nos preguntó con cierto brillo travieso en sus ojos: “notan ustedes algo fuera de los común?” Después de leer y disfrutar las bondades líricas de su escritura, los dos dijimos que eran notables, conmovedores, incluso yo arriesgué lo siguiente: “A la orilla del Drawa …” es envidiable por su textura y riqueza verbal”.

Después de insistir si veíamos algo más “interesante” en dichos poemas, ya cansado por nuestros silencios, el poeta pidió un resaltador y con un entusiasmado que no pasó desapercibido marcó la primera letra de cada verso, entonces se podía leer claramente, empezando de arriba hacia abajo, consignas políticas de los años 60’. Sin contener su risa victoriosa exclamó:”Qué pasó, Tamita, no te diste cuenta, mira hasta dónde fuimos de clandestinos. Francisco estaría orgulloso de nosotros (se refería a Juan Pablo Chang Navarro, el “Chino” que acompañara al Che en Bolivia, pues con ese nombre lo conocíamos en el Perú). Y tú, refiriéndose a mí, poniéndose serio, dijo:” ¿Y a esto cómo se le llama en la universidad?”. Antes de que le respondiese ya me estaba abrazando para levantarme varias veces en el aire, como era su costumbre cada vez que andaba dichoso. En fin.

En la versión grabada de la conferencia que ofreciera César Calvo, en el ciclo “El escritor ante el público” el 9 de julio de 1974, en el Instituto Italiano de Cultura de Lima, que años después se publicara, el poeta confiesa que vivió: “cambiándome de nombres en hoteles de engañosa memoria, hasta que un día desperté sin distinguir en realidad mi rostro, perdido entre máscaras como un naipe en un mazo de barajas ajenas y gastadas”. Hasta donde sabemos, es a instancias de Chang que Calvo, a fines del 63, acepta incorporarse al ELN peruano. Y como tal tuvo que asumir varias identidades, manejar documentos de identificación con otros nombres. Otras máscaras, otro antifaz, como él mismo lo señalara en diversas oportunidades. El que más recuerdo es el de Ángel.

En la poesía latinoamericana es un tema recurrente la búsqueda de la identidad, la otredad, la alteralidad, la ‘persona’ que en el texto habla y el uso de la ‘máscara’ y los seudónimos, y los heterónimos es frecuente en nuestras voces más altas. Podríamos citar varios ejemplos, algunos de ellos increíbles, desde José Martí hasta Roque Dalton, pasando por César Moro y Juan Gelman. Ya lo decía Nietzche de manera rotunda: “todo espíritu profundo necesita una máscara” (acaso como Ino Moxo, el héroe de la espléndida novela de Calvo), para crear laberintos borgianos que nos llevan por rúas en donde el misterio, los espejos, las sombras atraen nuestra atención. Estas búsquedas para sortear las fronteras de la realidad y jugar con la ficción, descansan en un gran dominio del lenguaje poético. Al virtuosismo verbal que hacen gala estos poetas le agregan, unas veces el humor, la ironía y un gran sentido lúdico. Calvo es uno de esos maestros de la lengua y de la retórica en nuestro idioma, y como tal escribe en diversos planos: su discurso resplandece a flor de piel las más de las veces, y otras, más disimuladas, más secretas, esperan ver la luz un día.

Es el caso de estos tres poemas en los cuales César Calvo, prestándole su voz a Volcek Kalsaretz, sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz, nos deslumbra y conmueve con la magia de su poesía: las formas discursivas modernas que el poeta maneja diestramente no duda en utilizar los acrósticos tradicionales para enviar otro mensaje, esta vez solidario, subyacente, digamos clandestino, enmascarado, a sus compañeros que no lejos de él combaten en otras trincheras. A contracorriente de los gestos de bohemia y de cierta frivolidad y desgano por la condición humana que hacía gala, Calvo, el otro, el mismo, por lo que recordamos, siempre asumió con mucha responsabilidad las tareas que le asignaba su organización política.

Pedestal para Nadie, para Ángel, para César. En el poema “Prosa de la calavera”, José Emilio Pacheco, escribe: “Como Ulises me llamo Nadie…Serena máscara, secreto rostro que te niegas a ver –aunque lo sabes íntimo y tuyo y siempre va contigo-, yo soy tu cara auténtica, la que más se aproxima a tus semejantes”. En este bello acierto del reciente premio Cervantes, reparamos en la obra fundacional del canon de occidente: los textos homéricos, y entre los héroes de Homero el más seductor: Ulises. Y con Ulises aparece Nadie, la máscara, el antifaz, la otra identidad, el rostro secreto. Desde entonces y acaso mucho antes, a la fecha, cuando menos se le espera reaparece en la literatura el invicto Nadie. Y entonces vuelven a surgir las máscaras, el antifaz, todos ellos fecundo en ardides (como Ángel, como César). Y la voz de la máscara no es una burda falsificación, es la otra voz, la distinta, la entrañable, la voz oscura y luminosa de la pluralidad de mundos que nos habitan.

Aquí están los poemas que alguna vez escribiera César, Nadie, Ángel:


VIEJO TIEMPO NACIDO BAJO EL CIELO
Viejo tiempo nacido en nuestras tumbas bajo del cielo
inerme, cuando la primavera tras de las alambradas era
un sol
verde comido por las ratas, y ni luz ni consuelo
a nuestro corazón encadenado, tú, viejo tiempo testigo,
no nos abandonaste, no nos abandonaste.
Largos fueron los días que atestados llevaban
a la muerte, como trenes , o largos como filas
de piojos,
sangre del árbol negro, la negra noche de Auschwitz
girando como trompo en la mano de Amán;
una llave caía, una estrella podrida, en la memoria;
eran entonces voces, pozos insomnes éramos
reunidos,
resecos, tapiados como el ojo de la felicidad,
inocentes y muertos y olvidados:
León Braiman, obrero, fusilado,
Luisa Piekaretz, niña, incinerada,
Alberto Goodman, médico, asfixiado,
Sergio Dannon, estudiante, estrangulado.
Volcek Kalsaretz, nadie, todavía.
Inolvidables muertos olvidados: más me hubiera valido
caer entre vosotros bajo aquel sol inerme comido
por las ratas.
Todavía los gritos me golpean la frente, como hojas
otoñales veo caer vuestros rostros acuñados por
el miedo,
roto ya para siempre como un dique el recuerdo,
inundado mi corazón de ciega luz, rebalsado como
un espejo
oscuro, me afeito en las mañanas, mi rostro no es
mi rostro, ya no
soy más, debajo de mi frente yazgo muerto mil
veces, me levanto,
ando al borde del ancho Amazonas por la tarde,
penosamente, como
si arrastrara mi cadáver, tu cadáver, oh tiempo
innumerable, eternamente.
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A LA ORILLA DEL DRAWA , ALGUNA VEZ
Era entonces la vida como una
jarcia al viento, en los altos establos o en la noche
el día de tus aguas
rodeaba mi corazón, y sobre ágiles campos de
cebada, tú,
cómplice de mi infancia, Drawa de labios húmedos,
inventabas los juegos y los cantos.
Todo nacía de tu mano azul, todo volaba,
oh río de ojos claros, como un claro milagro.
Detenerte no pude en esos años, cuando
el amable invierno te extendía como una blanca
súplica,
limosnero de mis pies y las estrellas,
infatigable y luminoso y cálido, duende
bueno girando en mi alegría bajo los altos pinos
enjoyados como esqueletos de astros; o en el
granero, tú y yo
recostados, prohibidos en el heno, hasta que las
agujas de los gallos
asediaban mis ojos y el sol se incorporaba
como un convalesciente entre los brazos, brazos de
invierno amable, pecho cálido, prestidigitador
omnipotente: entre tus verdes brazos que
no pudieron tampoco retener esos años, retenerme.
Negra y sedienta hoguera de la memoria en torno
a la cual danzan niños de ojos quemados,
crece hoy en tu lugar sobre las ruinas del
invierno. ¡Cómplice de mis cantos, Drawa de labios
húmedos,
oh río de ojos claros como un claro milagro,
ninguna huella dejan mis pies al recordarte:
al igual que tus aguas, el blanco tiempo del amor,
la infancia, se evaporó en los ojos de aquel negro
verano!
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PALABRAS PARA UN CIEGO
Pasa por este mundo como si caminaras en el
alambre de un circo lloroso, con el sol en la mano
ten cuidado, no se vaya a caer tu corazón,
recuerda que estás solo al borde de un abismo
insomne, y que al fondo de todo, nadie te
aguarda sino tú mismo, un pozo
oscuro, un ojo que agotó ya sus mares en mirarte.
Mírate
Usurpa el sitio de tu sombra,
entrégate,
retente en tu memoria,
ten cuidado,
estás solo.
Vuelve la frente: alguien te llama, sentado
en el principio de las cosas, te dice “anreteadiv” ,
no le creas, es uno que perdiste para siempre
cuando tus pies sostenían la tierra, avanza
entonces, llévate de la mano a las estrellas,
recíbete como un abrazo que olvidó su cuerpo
en el vacío, cierra los ojos y
mira: el sol pende como un fruto negro, córtalo,
ordena tu morir, ponte la boca,
sube a tu corazón, bebe los ríos claros de tu
sangre!

FIESTA DE LA PALABRA EN HOMENAJE A CÉSAR CALVO

César Calvo

FIESTA DE LA PALABRA EN HOMENAJE A CÉSAR CALVO

Una verdadera Fiesta de la Palabra en homenaje al recordado e insigne poeta César Calvo tendrá como marco especial el Club Social Miraflores, el próximo jueves 24 de julio 
a partir de las siete de la noche.
El acto será realizado dentro de la programación de las veladas culturales que mes a mes organiza el Club Social Miraflores en convenio con la Sociedad Literaria Amantes del País, que en esta ocasión cuentan con el apoyo de una comisión coordinadora integrada por hombres de letras, amigos del ilustre vate.
Se anuncia que para celebrar su memoria y los 74 años que cumpliría el poeta, ese día se realizará un Recital con lectura 
de sus poemas y de poemas escritos en su homenaje. 
El programa incluye una sección musical. 
La conferencia académica en torno a la vida y la obra de Calvo estará a cargo del doctor Ricardo González Vigil.
Como sabemos, el poeta César Calvo (1940-2000), uno de los más notables del siglo XX y líder de la generación de los sesenta, 
fue Premio Nacional de Poesía del Estado Peruano, Premio Casa de las Américas y Premio El Poeta Joven del Perú (1960), honrado con distinciones de Poesía en América Latina y Europa. 
Entre sus obras memorables están los poemarios Poemas bajo tierra y Pedestal para Nadie, la novela Las tres mitades de Ino Moxo y la obra total Edipo entre los Inkas.
No solamente obras literarias dejó Calvo. 
Lo sobrevivió una legión de amigos, que este jueves 24 se darán cita en el club del Malecón de la Reserva. El ingreso es libre.

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Edita Dr Guillermo Calvo Soriano

sábado, 25 de agosto de 2012

Calvo sin Cesar - Un Documental sobre su vida y dos poemas inéditos

Revista Caretas - Agosto 23, 2012

Un Documental sobre su vida y dos poemas inéditos del gran poeta César Calvo a 12 años de su partida. Carlos Cabanillas.

Eros en Varadero. Calvo viajó a cuba en 1967 para participar en un homenaje a Rubén Darío. La Casa de las Américas proporcionó un poco conocido registro fotográfico.

Fue en Iquitos donde nació el poema, porque allí fue leído por primera vez. Era 1982, y César Calvo Soriano había publicado un año antes su única novela: Las Tres Mitades de Ino Moxo y otros Brujos de la Amazonía. Junto con aquel poema hasta hoy inédito nació la película, germinando en lo que aún no era siquiera una idea. Treinta años después, Responso para un abrazo ya no solo es un poema. Es también un homenaje en forma de documental. Lo ha dirigido la experimentada cineasta Nora de Izcue junto a un equipo que incluye a Alejandro Legaspi en la dirección de fotografía y a Guillermo Palacios en la de sonido.
Casi todo el rodaje se realizó en iquitos. Incluye entrevistas a muchísimas personalidades y amigos del poeta; también a su lúcida madre de 102 años de edad, Graciela Soriano de Calvo. "Los amigos más íntimos de César coinciden en que detrás de su modo exuberante, alegre y entrañable existía un ser tocado por la soledad y el dolor", cuenta la directora. "Eso se refleja en gran parte de sus poemas".


Responso para un abrazo

Me has dicho que naciste y que no sabes cuando
en una calle triste del barrio de Belén.
Me has dicho que creciste sin padres ni cumpleaños
y que un día te fuiste para jamás volver.
Y a mi me lo dijiste, a mi que fui tu abrazo:
el primero que diste al dejar la niñez.
Y ayer cuando me viste después de tantos años
en un lugar más triste que el barrio de Belén, no me reconociste:
bailabas con extraños
los pasos alquilados de la danza más cruel.

No me reconociste pero nos abrazamos.
Nuestro primer abrazo, anoche lo compré.
Tú fingiendo reirte, tú sin oir mi llanto.
Yo buscando una niña en tu piel de mujer.
Y ayer cuando me viste después de tantos años
dijiste no era triste tu calle de Belén,
que allí no te desviste el baile de un extraño,
que allí solo sentiste un abrazo de miel.
Y a mi me lo dijiste, a mí que soy tu abrazo:
el único que diste, lejos, en tu niñez.
Me dijiste que nunca podrías recobrarlo,
que del amor huiste y que hoy pagas por él.

No me reconociste, y sin decirte nada
yo te dejé más triste que cuando te encontré.
Y en el espejo amargo de tu cuarto quedaron
dos niños abrazados que murieron ayer.

César Calvo
1982


El poema que le da el título al documental no es el único inédito de Calvo. También está "Sinarahua", que para la directora es un testimonio sobre la relación entre el poeta y el padre, el reconocido pintor César Calvo de Araujo.
De él habría heredado su profundo amor por las mujeres y su pasión por la Amazonía, lo que llevó al poeta "a decir que nació en Iquitos cuando había nacido en Lima".Así termina el poema:

Cuando hacia qué país partió una noche,
ya solo fue un retrato.
Empecé a tener miedo de sus ojos clavados en el aire,
de sus cartas que a veces no llegaban (...)
Dormí seis o siete años, o soñé, no lo recuerdo bien...
Así llegó el invierno.
Era un ojeroso jueves de verano cuando llegó el invierno.
Helwa dijo "Papá", Madre cerró la puerta,
ya era tarde: cansado y dulce, invierno conversaba y fumaba entre nosotros.
Mi corazón encaneció.
Fue ese jueves que mi corazón encaneció.
Se oxidaría el aire si dijera la edad que tuvo mi vida desde entonces.
Sinarahua.

La directora Nora de Izcue junto a Mariví Mujica y Rina Dibós, productoras asociadas. Bajo su supervisión, la Universidad Alas Peruanas prepara una edición conmemorativa del poeta.

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Edita Dr Guillermo Calvo Soriano

sábado, 18 de agosto de 2012

La Ausencia como Pedestal en la poesía de César Calvo

A los 10 Años de su Muerte - Manuel Pantigoso

César Calvo en el Cusco

"Mamá, lo siento mucho. Di a mi padre
que no vaya a venir para llorarme".

En 1975, se publicó Pedestal para nadie de César Calvo (Edición del Instituto Nacional de Cultura, con prólogo de Alberto Escobar), conteniendo cinco libros editados con anterioridad; Poemas bajo tierra (1960), Ensayo a dos voces(escrito con Javier Heraud, 1961), Ausencias y Retardos ( 1963), El último poema de Volcek Kalsaretz (1965), El cetro de los jóvenes (1966); y dos libros inéditos:Pedestal para nadie y Cancionero. A la manera de recopilaciones hechas por autores de la generación del 50: Vida continua de Javier Sologuren, Poesía escritade Eduardo Eielson o Un mundo dividido de Washington Delgado, este libro río recoge todas las facetas líricas y épicas de su autor.
En el poemario inicial de 1960 es posible comprobar ya una inclinación temprana por la soledad, la tristeza y la ausencia, que parten de la imagen del padre - poesía, como realidad y como símbolo de un pedestal vacío, en donde está la descripción intimista de sus reproches y afectos, de sus dolores y alegrías, que pudimos comprobar cuando nos visitara tantas veces con su madre y sus hermanos, en nuestra querida "Casa - jardín de Magdalena" donde compartimos nuestra primera adolescencia sembrando juegos y recogiendo rastros.

Familia Calvo y Pantigoso en la playa - 1946

César Calvo , Manuel Pantigoso y familiares - 1955

Gran parte de estas emociones están, precisamente, en esos Poemas bajo tierra que hablan del pedestal de flores, de pájaros, de lluvia, siempre buscados como "lejanía de proximidad".

Desde el comienzo el poeta iniciará un diálogo con "aquel bello pariente de los pájaros", hermosa imagen usada para nombrar a la poesía que se ha posesionado de su alma y de su vida. Él, a pesar de las sonrisas del estambre rojo del verano, de los "ríos de perfume", de los "cabellos rubios", la conmina y le dice:

Poesía, no quiero este camino
Que me lleva a pisar sangre en el prado
Cuando la luna dice que es rocío
Y cuando mi alma jura que es espanto.

¡ Poesía, no quiero este destino !
¡ Llevate tus sandalias ! ¡ Devuelveme mis manos !
(Aquel bello pariente de los pájaros)

¿ Que pudo acontecer a este muy joven poeta cuyos referentes primeros son todavía el mundo del hogar, del barrio, del paisaje, para presagiar un destino ubicado entre el éxito literario y la ausencia de su alma ? Indudablemente, además de la tendencia subjetiva general, la respuesta tiene que corresponderse, en lo social, con la situación política del país por aquella época, pero desde una perspectiva muy íntima.
Estos versos denuncian con claridad esa irresistible forma de ponerle un color triste a los recuerdos:

Todos mis sufrimientos, esta noche
Giran en torno a mí
Como los cuervos.
(Todos mis sufrimientos)

Un sauce con regalos
En medio de la casa. Árbol de navidad.
El tiempo ondea sus cajitas de lágrimas
Lloradas.
(Un sauce con regalos)

Hoy hemos almorzado de memoria

(...)

Ya nadie vendrá nunca.
Contando alguna tarde de provincia,
Hoy nos hemos comido para siempre las rosas.
(Hoy hemos almorzado de memoria)

Mi infancia fue una mano
Donde cabía el mar
Donde los astros
Cabían como hoy caben mis ojos en el llanto.

(...)

¡ Ah, noches que la luna se bebiera !
¡ Ah, juegos convertidos en nadie, desolados !
(Mi infancia fue una mano)

A continuación uno de los poemas dedicados a su padre, el notable pintor César Calvo de Araujo (Artista nacido en Yurimaguas, en 1910, que plasmó en imágenes plásticas y luminosas el paisaje y la vida de la región amazónica).

César Calvo de Araujo

La figura paterna se torna central dentro de este gran cuadro pintado de ausencias:

Mi padre llegó ayer. Ha parecido
una partida más este regreso.
A mi llanto he subido para verlo
perderse por la cuesta mas honda.

¡ Que ganas de decirle que estuvimos
esperando sus pasos
para seguir muriendo !
¡ Que ganas de que nada, que sus cartas
nunca escritas
nos llegaron sin falta !
Pero la casa
calla,
Y todos caminamos
de puntitas para no despertarla.

Mi padre llegó ayer. No sé quien baja
a media asta los días de febrero.

Mi padre llegó ayer.
Y está más lejos.
(Mi padre llegó ayer)

Estos hermosos versos nos remiten al poema de Vallejo Los pasos lejanos:
Hay soledad en el hogar; se reza
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta,ausculta
la huida a Egipto,el restañante adiós.
Esta hora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Veinticuatro años más tarde, en Como tatuajes de la piel de un río (1984), César Calvo retomará con fuerza estos temas que le obsesionan tempranamente: la ausencia del padre, la casa de sus juegos y dolores infantiles. Dirá en un poema que no lleva título:

¡ Era de noche siempre ! ¡ Era de noche
siempre oigo el sigilo
de esa invencible ausencia que atraviesa
la tibia casa en que (ya no) vivimos !
(pag 73)

Poemas bajo tierra es un Libro - ventana que contiene, en forma larvaria, mitos y utopías que el poeta se encargaría de elaborar con los frutos de la trascendencia. Libro - ventana que apunta más hacia adentro que hacia afuera. De allí el tono velado de los versos en claroscuros que se empapan de sugestiones y reminiscencias. El propio título Poemas bajo tierra tiene la misma carga significativa que el título general Pedestal para nadie. El poeta busca para sus libros nombres análogos que tengan la misma atmósfera, un aire similar con los cuales quiere aludir a la poesía, a la ausencia, a la forma como mira a su país y al mundo, a la vida, a la muerte.

Este tono lírico persistirá en el colectivo (escrito con Javier Heraud) Ensayo a dos voces, y en Ausencias y retardos. Aquí la palabra poética se expresa con coraje, con una modulación y un acento más personal que en Poemas bajo tierra - en el cual resuenan los ecos de César Vallejo y Juan Gonzalo Rose -. Ahora el alto lirismo de las rosas del jardín se conjuga con el crepúsculo de los bosques, en una suerte de recuerdo y premonición. Veamos estos dos tonos unidos por la impronta de la ausencia:

Ni el olvido
sabrá de este regreso.
Apenas si el aroma
de las tardes
al esculpir sus rosas
en el viento,
hablará de nosotros.
Y desde nuestro solaz
soledades, seguirán
extrañándonos los ecos.
(En Ensayo a dos voces)

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas ?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?
(Otoño en Vermont)

A estos versos que nos cautivan por su delicada melodía se han de unir aquellos otros con su furiosa carga de imágenes que fluyen con mayor audacia bajo un tono épico y onírico:

Y antes que el crepúsculo descienda de los bosques
a tenderse en la arena como un lagarto
acuchillado,
desgárrate los muslos con mi flecha de seda
y en el centro del sueño deja entonces que me hunda
bajo las plumas rojas y lentas del otoño.
(Poema "VI" de Ausencias y retardos)

Es la hora también en que el amor se perenniza através de notables poemas que le van marcando al poeta un aura de enamorado y enamorador de las palabras. Él las toca, las seduce, ls acaricia; las golpea y las hace decir cosas inimaginables. El poeta continúa erigiendo su pedestal para las "ausencias y retardos" ¿Con qué contrarresta su soledad y esas primeras obsesiones en tono de elegías? Sin duda lo que ha de salvarlo para no despeñarse en el vacío será la propia palabra: su brillo y su sensualidad. La palabra es el ser del hombre. Y en este bucear hacia el ser rompiendo las barreras del tiempo y del espacio, la valorización indiscriminada de lo personal revertirá en lo colectivo. Ello le permitirá establecer una comunicación mucho más fluida entre los hombres en su deseo de desterrar la soledad estéril e instaurar el reconocimiento de cada uno en el otro, dentro de una suerte de encadenamiento de universos, siempre misteriosamente luminosos y fraternos. Por esta senda, César Calvo publicará dos poemarios en donde se evidencia aquella relación entre la palabra y la conciencia que tenemos de la condición personal y del entorno, con los cuales estructuramos nuestra propia existencia. Ahora sus sueños son también sueños de los otros.

En El último poema de Volcek Kalsaretz y en El cetro de los jóvenes hay junto al revestimiento de la palabra conciencia y emoción social, compromiso con los ideales de justicia y libertad.

Era entonces la vida
como una jarcia al viento;
en los altos establos o en la noche
el día de tus aguas
rodeaba mi corazón,
y sobre ágiles campos de cebada, tú,
cómplice de mi infancia,
Drawa de labios húmedos,
inventabas los juegos y cantos.

Todo nacía de tu mano azul, todo volaba,
oh río de ojos claros, como claro milagro.
(El último poema de Volcek Kalsaretz)
Y bajo de la tierra perfumada
y herida, la mano que abre un río
y sostiene los árboles, el vuelo
de los pájaros, la lluvia:
levanta nuestro canto.
¡ Poder, alto y perpetuo
pino de relámpagos, roja es tu voz
como la blanca hierba
de la libertad, implacable
es tu amor, nuestro tu canto !
(El cetro de los jóvenes)

El cetro de los jóvenes se ubica, entre otros, en el contexto de las guerrillas románticas del MIR encabezadas por Luis de la Puente Uceda, y de las del Ejército de Liberación Nacional de Héctor Béjar. A partir de estos dos libros - El último poema de Volcek Kalsaretz y El cetro de los jóvenes - aparecerán otros referentes geográficos como la selva y los andes. Ese jardín interior que floreciera inicialmente en el alma de calvo con sus flores perfumadas, se irá tornando mucho más umbroso y esencial, lleno de encrucijadas y abigarramientos, regado con un licor y una savia vegetal que profundiza en la historia y en la colectividad peruana.

Pedestal para nadie es un libro totalizador que cohesiona todos los caminos poéticos anteriores. Desde aquí - desde esta unidad del poemario - parte esa ansia de expansión de la poesía que unifica lo interno y lo externo, lo espiritual y lo material, la raíz y la altura, la tierra y el cielo, el fuego y la esperanza, la muerte y la vida, lo objetivo y lo subjetivo, lo esencial y lo existencial, lo mágico y lo real, la espiritualidad y la sensibilidad, el sueño y la vigilia.

Dueño de sus recursos expresivos el poeta continúa creciendo y se abre al mundo con una vigorosa filosofía, plena de intuiciones y conocimientos:

Acaso así encontraremos una buena razón
para morir
y dejemos de ser
el cuerpo solitario en la ribera
para ser la ribera, el río mismo,
dos cuerpos abrazados que al hundirse
se salvan.
(Poema sin título,p.162)

Permaneció en la ventana
durante largos, largos años,viendo
caer las hojas, la nieve, viendo caer
las hojas
y la
nieve.
Cuando se acordó de sus hermanos
éstos ya eran un pedazo de hierba.
Él durmió feliz : aquella noche
descubrió que los árboles
pierden sus hojas, que la nieve es blanca.
("El sabio")

Sin duda Pedestal para nadie alude singularmente a la propia poesía. Hay allí un texto que lleva el mismo nombre y que dentro de su evanescencia polisémica nos coloca en el pedestal de la poesía, es decir, lejos de los aplausos y galardones, y se manifiesta a través de un temblor existencial que revela lo absurdo y hasta lo cómico de la condición humana:

La Señora que anduvo siempre en hija
o en nieta, nunca en madre, o en sus bucles de mármol,
en verdad es de ceniza,
se deshace y se aleja como un montón de viento
y la Señora es viento entre dos vientos
y un repique, al borde, siempre al borde
de pararse en la punta de un cabello
como la cuerda de un reloj o como
algo de cualquier cosa que ya nunca.

En el mismo poemario encontramos versos con la misma impronta y cuya implícita mención a ese "pedestal para nadie", evoca lo invisible, lo soterrado, lo caído, lo vejado :

Desmoronado ya, él en su estatua
nace de otra caída,
pero solo la hierba es memorable,
araña delicada, su hilo pánico
- la narración de nuestra oscuridad -
Al fatuo pie de mármol lo desanda.
(Resonancia)

Indiferente rumbo a nadie
va su penumbra en esplendor, de prisa
pasa caída en un peldaño, capa
que ni sus propios pueden ver, la pisan.
Al fondo humea un vals: alguien la llama
de memoria, una boca que se ahoga
mientra al borde del abismo bailan.

Y tarde, pero a tiempo, la deudora,
burdel de mármol, púlpito de mármol,
mármol ya de ceniza, entra en la sombra.
(Muy poca frente para tres coronas)

Si desde el inicio de su carrera literaria César Calvo no tuvo ese pedestal del padre en qué asirse, en qué afirmar su desarrollo de infante a hombre, ahora el poeta lo busca, igualmente pero en otros materiales menos deleznables, más consistentes: en los de la escritura. Y es que la poesía fue para Calvo como una piedra angular donde se asienta el silencio y los recuerdos, la memoria mítica y ancestral. A la postre, en la búsqueda de la fuente original, los mitos del padre se encarnaron en él.

César Calvo en su Torre de Chaclacayo

Dos notables libros de prosa y poesía certifican este auscultamiento y búsqueda del ser y de la figura paterna en las mismas entrañas de la selva y el ande. En Las tres mitades de Ino Moxo (1981) y Edipo entre los Inkas (2001), César Calvo se hunde en el meollo mismo de la palabra primitiva - no eurocéntrica - en la reflexión psicoanalítica, onírica, en el mito y la historia, en los estados alucinógenos del ayahuasca, en el tiempo inmemorial, en la oralidad. En el centro de este apretado universo, se yergue la palabra desnuda de retórica, sin literatura. La construcción de este pedestal erigido con la imagen del padre, implica también su destrucción y su liberación:

En el instante en que él abrió los brazos
al mundo, lo enterraron.
Suyo era el ojo de las esmeraldas
cantando en la otra orilla. Lo enterraron.
("Reloj de arena")

Quien llegó tarde de su oscuridad
no ha de tener memoria.
Sus nombres y sus cuerpos jamás se encontrarán.
Solamente en el agua
serán sus iniciales grabadas a navaja.
("Ojo de estatua")

El profundo amor que César profesaba a su padre, tuvo, desde su primer libroPoemas bajo tierra, un tono doliente y elegíaco :

Mamá, lo siento mucho. Dí a mi padre
que no vaya avenir para llorarme.

César duerme por fin. (Tanto lo vimos
- ¿recuerdas?- por las noches, levantarse
alto como un abismo, a escribir calles).
Hoy no podrás siquiera reprocharle.
Hoy no ha llegado tarde, llegó en punto.
Llegó en punto a acabarse.

Lo siento mucho,madre.
¿Quién habrá ahora de cuidar los días?
¿Quién ha de discutir con el silencio,
en alta voz, para trizar la ausencia?
En vano lavarás sus ademanes
danzando sol en hondas azoteas.
Pero no vayas a llorar, tú sabes:
las lágrimas, de noche, lo despiertan.
Además mira como sube el aire
la risa que ha soltado su cadáver.
(Ella quedará en casa como el eco
de un callado domingo interminable).
No vayas a llorar. Él fue culpable.
Mejor seca los años de Guillermo,
abrázalo a tu vida, madre, ¡abrázame!
Después podrás llorar.
Y yo también,
no creas.
Sin que lo sepa
nadie.
("Pésame")

En su último libro de versos Como tatuajes en la piel de un río, veremos cómo se ilumina de manera explícita con una luz cenital, lo que el poeta quería ocultar en sus textos anteriores. Ya no requiere de metáforas ni de imágenes oscuras para colocar en esa columna que ama el busto de la poesía, forjada con toda la pasión de su exitencia, con toda la similitud que existe entre lo poético y la vida.:

Caída desde un soplo del pedesatal, mi frente
entre la hierba, aúan así, hundida
por el invicto peso de lo ausente, dirige
el curso de los astros y su fulgor suicida.

En vez de derribarla, amo mi estatua.
Al pie de sus cenizas, a envejecer, me tiendo.

Amo esta biblioteca sin sentido.
Esta boca de hueso,
Mi voz, mi nada y su caballo ciego.
(poema sin título,p. 47)

César Calvo en su Departamento de Chaclacayo

Podemos decir, finalmente, que junto a esa dualidad de su existencia (melancolía - valor, ausencia - certeza, desesperación - esperanza, a la que entra en sus años de madurez con una virilidad serena) hay un combate que existe en sí mismo y que se emparenta con ese otro gran combate de las tendencias y las ideas en las que participó como la mayoría de su generación. Del "yo" personal, privado de su primera jornada poética, pasó a ese "yo" objetivo que sabe decir "nosotros": es el "yo" de todos, con el cual el poeta se identificó en búsqueda de la felicidad y de la sabiduría de vivir. A todo esto corresponderá en sus versos la insistencia de palabras como fuego, frío, invierno, otoño, sol, hojas, bosques, ríos; las cuales se vinculan a esta búsqueda de protección y comunión social. Por ello la ausencia del padre - que como hemos visto fue una tendencia constante de su poética - se extendería a la ausencia de la patria, de la sociedad, del amor - el poeta nunca estuvo "encontrado" con el amor a pesar de su intensa vida afectiva -. Y su obra fue, entonces, una travesía constante, una búsqueda sin descanso en pos ahora de aquella luz ausente que representaba a ese Perú ignorado o conocido a medias. Siendo la propia poesía, por naturaleza, lo más invisible en cuanto a percepción inmediata, quiso buscar respuestas en ella por lo más huidizo y al mismo tiempo más sólido. Y fue en pos del mismo misterio, remitiéndose a los mitos y leyendas de la selva y de los andes para encontrar allí lo prístino y auroral de la raíz y de sus orígenes, para abrazarse con su padre, con la madre tierra, con sus semejantes, con su país. Desde este pedestal afectivo, el poeta tendría conciencia lúcida de para qué se escribe un poema :

"Se escribe un poema para hacer más fraternos a los hombres,
o para intentarlo,
o sea para que la poesía sirva para alguna cosa.
Se escribe un poema para no sentirnos
el centro
del mundo.
(...)

Se escribe un poema para que el poema nos acompañe,
para no estar tan inexplicablemente solos".
(Conferencia Autobiográfica - Instituto Italiano de Cultura - 1974)

Manuel Pantigoso
Vicionario N° 5, Setiembre 2010 - Vicio de la palabra y la belleza

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Edita Dr Guillermo Calvo Soriano