lunes, 14 de marzo de 2011

César Calvo...diez años después - Rudy Torres

http://blogs.peru21.pe/muevete/2010/09/cesar-calvodiez-anos-despues.html


CALVO 666.jpg
El poeta encantador, el de la sonrisa de fiesta y talante seductor, de esmoquin negro y corbata michi. Sí señores, hablo de César Calvo, a quien Arturo Corcuera, Reynaldo Naranjo y Antonio Cisneros homenajearán desde las 7pm. de hoy en "Venid a ver el cuarto del poeta" en el CC. Inca Garcilaso.Ingreso libre.


¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

César Calvo


"Nadie ha visto su partida de nacimiento. Lo cierto es que su primera infancia la pasó en la selva amazónica", recuerda el poeta Arturo Corcuera, al referirse a César Calvo. Lo dibuja de cuerpo entero, lo hace andar como el gran juglar hacía con las palabras. Recordando los años en San Marcos, las marchas de protesta, los recitales en La Casona, el Frente Estudiantil Revolucionario, los sueños y romances.

César Calvo era un espíritu de la selva, de aquella del oriente peor también de la de asfalto. Había vivido en Magdalena, más tarde en el Centro de Lima y luego en Sofia, La Habana, París, Cusco, Florencia y Lima otra vez. Era un poeta con calle, encantador rompecorazones, chavetero iniciado, enamorado eterno de Chabuca y plagiario (que lo digan Eguren y Vallejo) en potencia. Más tarde se robaría todas las palabras del mundo y les daría su voz.

¿Cómo no sentirse unido a él? Si algo describe a Calvo es esa sinceridad surreal con la que actuó siempre. Sea jurándole amor eterno de una noche a una muchacha que recién conocía, como para meterse en política, para reconocer que pasaba de las drogas y que el mundo es una mierda, refiriéndose "no al que estamos construyendo, naturalmente, sino la podredumbre que heredamos, esa amarga fanfarria de transistores, automóviles y etcéteras".

Deseando un mundo donde se enseñe a nuestros hijos que es más importante tener un amigo y no un televisor (computadora en estos tiempos), tener una conciencia limpia.


RENACIMIENTO. César Calvo se nos fue hace exactamente diez años, en medio de una consternación extendida pero hoy, desde las 7pm., será homenajeado por su comparsa en el CC. Inca Garcilaso (Jr. Ucayali 391, Lima). La velada ha sido titulada "Venid a ver el cuarto del poeta" y contará con la participación de los vates Arturo Corcuera, Reynaldo Naranjo y Antonio Cisneros, quienes ofrecerán sus testimonios y recitarán sus versos.

Y como si esto fuera poco -casi como conmemorando estas fechas- la editorial Mesa Redonda ha reeditado -incluye cartas, fotografías y textos nuevos, misivas a su madre, poemas manuscritos e imágenes poco conocidas - Pedestal para nadie, libro con el que Calvo ganó el Premio Nacional de Poesía 1970.

"Pedestal para nadie es, en verdad, mi primer libro, por cuanto en él atisbo puertas que antaño descifré a oscuras: logro mirar entre la cerradura y veo, allá delante, detrás de las maderas, colinas que resplandecen en los cuartos, veranos habitados de fuerzas y países, parejas innumerables colmadas como sueños de anticuario, toda esa forma de soñar y vivir poesía que perseguí tantos años sin saberlo", comentó alguna vez el vate.

Dicen que César Calvo amenazaba a los amigos con volver a nacer, mientras esperamos los dejamos con este antipoema escrito por el poeta, quizá pidiéndole a su abuelo -de niño- que no envejezca, quizá recordando esos pájaros que se sabían de memoria sus poemas, quizá esperando una última canción de Chabuca.

Se escribe un poema para sentirse el centro del mundo.
Se escribe un poema para hacer más fraternos a los hombres,
o sea para intentarlo,
o sea para que la poesía sirva para alguna cosa.
Se escribe un poema para no sentirnos el centro del mundo.
Se escribe un poema para ahuyentar a una muchacha.
Se escribe un poema para sacarle un par de libras a un amigo.
Se escribe un poema para ayudar a la Revolución.
Se escribe un poema para que los maridos nos odien mucho más.
Se escribe un poema para que el poema nos acompañe,
para no estar tan inexplicablemente solos.
Se escribe un poema para duplicar el orgasmo
o al menos para ponerle un espejo delante.
Se escribe un poema para no tener tiempo de hacer otras cosas,
como por ejemplo para no tener tiempo de sufrir.
Se escribe un poema para que nuestra tía más querida
pueda decir a todos que tiene un sobrino que escribe un poema.
Se escribe un poema para rascarse la barriga en la playa,
para emborracharse en Surquillo sin que a uno lo asalten los señores chaveteros,
para darse un descanso entre polvo y polvo,
para hablar de ello en el Instituto Italiano de Cultura, para que a uno le consientan todo
para que a uno no le consientan ni un comino.
Se escribe un poema para que los psiquiatras no nos cobren,
y para que aquella rubia se sienta inmortalmente poseída
y para que los hermanos como Ángel Avendaño no sientan tanto frío en las prisiones,
y para que el general Velasco lea estas líneas
y sepa que Avendaño sigue preso
por orden de una culebra disfrazada.
Y se escribe un poema para viajar a los congresos de escritores
con todos los gastos pagados,
y para ponerle el cascabel al gato,
y para poder comer con la mano en los salones si nos viene en gana,
y para morirse de hambre
y también para no morirse de hambre,
y para quedar como un perfecto cojudo en todas partes,
y para usar calzoncillos de colores sin que se nos acuse de maricas,
y para que ciertos cadetes nos dejen a solas con sus novias
creyendo que lo somos.
También se escribe un poema para no afeitarse nunca,
para ir al baño sin remordimientos,
para ir al comedor sin remordimientos
para ir al dormitorio sin remordimientos,
y se escribe un poema para sentirse culpable de todo
y con esos materiales llegar a escribir algún poema.
Y también se escribe un poema para reírse a gritos.
Y para vivir también se escribe un poema.
Y para tener un pretexto para no vivir,
etcétera.
Y a propósito de etcétera:

Se escribe un poema para no escribir cosas peores, como cartas de amor,
cartas financieras, facturas por pagar, tratados de filosofía miraflorina.
Y se escribe un poema por incapacidad,
cuando se ha fracasado como wing derecho en la selección del colegio,
cual es mi triste caso.
Y se escribe un poema para intensificar la vida,
como dice Stefano Varese.
Y se escribe un poema finalmente, se escribe un poema
para que en algún lugar del mundo, mañana o
dentro de veinte años,
la pareja que está por suicidarse alcance a leerlo, y desista, desista por
lo menos unos días, y comprenda que la vida es siempre hermosa
a pesar de la vida... y a pesar del poema.

*La foto es cortesía de Caretas.

Me ha gustado sobremanera este poema publicado hoy,y pensar Cesar que muchas veces lei sobre ti en la revista Caretas y en la desaparecida Oiga y sentia un orgullo oculto por los recuerdos que me afloraban, pensar que compartimos carpeta y salones cuando estudiabamos primaria en el famoso 414 de la calle Mariquitas en Lima y si mal no recuerdo vivias en un segundo piso de la calle Ocona (tercer piso Carabaya 413) tenias un abuelo que tenia su negocio en el pasaje Olaya y yo vivia con mis primos los Gallegos en la calle Valladolid, bueno dicen que recordar es vivir y a mis 70 años solo te puedo brindar este pequeno recordaris porque en verdad fuimos amigos en esos entonces pero bien patas.


Que genial recordar a César Calvo. Pensar que fui su vecina cuando vivía en el Centro de Lima.
Cuando se sentaba a escribir todos los niños escuchábamos las teclas de su máquina de escribir con mucha atención.
Era lo máximo.


Grande Cesar Calvo como todas sus obras, te reordamos siempre.


Que bueno que se le rinda un homenaje a este poeta Loretano, ojala hubieramos querido que en vida se le rindan esos homenajes, y sobre todo que se le hubiera ayudado a sanar esa sordera que lo aquejo hasta su muerte. Una de sus obras que me impresiono cuando era joven, fueron las historias que nos contaba en una de sus geniales obras LAS TRES MITADES DE INOMOXO. Hasta hoy sentimos la partida de este gran poeta. Una feliciacion a los organizadores de este merecido y eterno homenaje.


Hermoso poema! lindo y fugaz qué hermoso de verdad suele ser revisar la historia de nuestras poetas. Me he enterado tarde de este homenaje, pero tu artículo le hace justicia. Grande César, grande!


Wow. Un poema bello, por así decirlo. Este texto lo pinta de cuerpo a Calvo.


"Se escribe un poema para no escribir cosas peores, como cartas de amor, cartas financieras, facturas por pagar, tratados de filosofía miraflorina"

Qué lindo, ojalá nunca se nos acaben los poetas. Rudy, felicitaciones por tu texto, le hace justicia al gran Calvo.


Calvo era un grande, perdon...Es una grande. La grandeza es anacronica cuando es subejtiva, eterea. Este hombre supo traducir las pasiones humanas de una manera sugerente y sugestiva como leí por ahí. Y es que traducir la pasión en palabras siempre esta en la linea de lo artistico y de lo chabacano. Me encantaria escribir la centecima parte de lo que el escribe. Pero soy tan poco. EN fin...mejor sigo en mi chamba materialista.


Rudy, lindo post, gracias por acercarnos a la poesía de César Calvo y por difundir la cultura en nuestro país. Qué pena que me perdí el evento en el CC. Inca Garsilaso pero trataré de buscar más libros de él.
Gracias y saludos.


jueves, 10 de marzo de 2011

Pedestal para César Calvo - por Paco Bardales en Diario de IQT

Por Paco Bardales
Diario de IQT (El año del resplandor)
César Calvo Soriano nació en 1940, en Lima, “entre formidables muchachos, gente hermosa, canillitas de mi edad y de mi pobreza, y otros amigos que me observan desde aquel entonces, parados en su orgulloso asombro”. Ese hombre nacido en la Capital de los Reyes (y pronto de los Quispe, pero aún no de
los Aricari), siempre dijo que había nacido en Iquitos. Siempre había dicho que su lugar de origen
tanto tiempo expresado era la Selva. Que su patria era la Amazonía. Su padre era pintor, se llamaba César y se apellidaba Calvo de Araujo. Era uno de los artistas plásticos más importantes de estos fastos, pero también, aparte de padre, era “su hermano”. Amaba la cocina, la cama y el escritorio. Amaba el Perú como amaba a cada mujer que había amado, aunque sea un instante, nunca en su totalidad. Calvo vivía en todas partes. Su primera infancia la pasó en la zona fronteriza con Brasil. Hizo de Magdalena su logar de mataperradas escolares. Dormía en cada lugar donde le sorprendía la noche o el deseo, pero volvía siempre a un departamentito pequeño que rentaba su hermano en el jirón Carabaya. Era fan de la música, de la declamación, hizo periodismo, coqueteó con el cine e hizo amante a la televisión. Hizo canciones para Chabuca Granda y fue militante de la izquierda revolucionaria. Pero, ante todo, César Calvo fue Poeta. Uno de los más grandes y memorables que haya parido este país de desconcertantes gentes y libros que se apolillan en los anaqueles.

El vate pensaba que no escribía solo para demostrar que la poesía no era privilegio de los poetas.
Lo pensaba porque sabía que en el fondo no le interesaban los beneficios a largo plazo del oficio,
las mieles burocráticas de la pasión. Calvo sabía que lo suyo era crear belleza con cada palabra que salía de su boca y se plasmaba en un papel. Escribió su primer poemario a los 18 años y a los 26 ya había publicado El Cetro de los Jóvenes, Colección Premio de la Casa de las Américas, en 1966. También existirían Poema a dos voces (escrito conjuntamente con Javier Heráud), Ausencias y Retardos, Como Tatuajes en la piel de un Río, y, claro está, Pedestal para nadie. También el Premio Poeta Joven del Perú, el Premio Nacional de Fomento de la Cultura, el Premio Nacional de Poesía.

Aquél hombre que parecía sonero y amaba como cosaco, aquel poeta estruendoso e imparable, era el mismo que, a los 12 años, avergonzado y solo, contemplando un paisaje de techos ruinosos, escribió a su abuelo una larga carta pidiéndole que no envejezca. Aquel letrista implacable, aquella fuerza natural que creaba poesía como quien vivía a plena luz (y entre sombras), estaba destinado no solo a ser leído. Calvo estaba destinado a ser escuchado. A sentir sus versos como pequeñas historias que se cantaban, que se inundaban de melodía. Como dice Hildebrandt, la de Calvo era poesía galopando
en endecasílabos, poesía en combate de armonías y, como toda verdadera poesía, no abría ninguna puerta ni disimulaba ningún concepto. De ahí que lo hayan cantado e interpretado notables como Pelo Madueño, Raúl Vásquez, Susana Baca, Cecilia Barraza, Miki Gonzáles, Rafo Díaz, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, David Byrne y tantos más.

Calvo Soriano era una fuerza de la naturaleza que esperaba cada mañana como si fuera la última. Cada libro, cada poema, cada verso, obedecía a sus propias, intransferibles leyes, tenía su tiempo de luz y su sed de llorar. El poema para Calvo no era el reflejo de la vida. Era la vida. Y en ella, también
se reflejaban las dos mitades de su vida, como anotó alguna vez Arturo Corcuera: el de los instantes diáfanos y efusivos, estruendoso, talento y fantasía; y el tocado por la soledad y el dolor, por los presagios y la noche negra, quebrantadamente triste y desvalido.

Ese hombre, repito, universal y cosmopolita, contradictorio y seductor, cautivador de serpientes y multitudes, era amazónico por decisión, por herencia, por justicia, por amor. Ese amor se desentrañaba en un poema-canción llamado Amazonas (Hace miles de lunas/Cuando el mundo era sombra/ Antes que Dios naciera/ Cuando el mundo era sombra/Cayó un rayo del cielo/Sobre un palo de rosa). Ese amor se expresaba en una oda a Sinarahua, que era un canto premonitorio sobre la ausencia (Ah Sinarahua cuya sangre/ a tientas / corre sin alcanzarlo por la hierba. / Sobre el viento tendido, /ya de musgo / abierto el corazón, de huir / los ojos, / ah Sinarahua, entre nosotros, solo). Ese amor se podría representar en todo lo que Calvo sentía por Iquitos, por su gente, por su espacio, en un fragmento de un carta fechada en 1962 (Nunca creí poder amar a esta ciudad. Ahora la siento entrar y salir por mi sangre como un “veneno imprescindible”. Su lluvia, indecisa, mediocre, que tanto he despreciado, me parece ahora la caricia más tierna: como si estuviera tu piel en el aire). Ese amor se reitera en su belleza y su lado femenino (Dicen que en la Amazonía el primer hombre no fue hombre, sino mujer).

Ese hombre, repito, que murió en agosto del 2000, con una septicemia que lo había dejado sordo previamente, que se había ensañado con su cuerpo otrora vital y poderoso, que había transformado su grandeza y gorjeos de dolor y afección, ese hombre probablemente haya escrito el libro más importante de y sobre la Amazonía peruana, Las tres mitades de Ino Moxo: grandilocuente, extraño, poderoso, apasionado, poético, narrativo en extremo, místico, cotidiano, voraz, inabarcable, una suerte de novela-río escrita con aire de verso y corazón de poeta. Un libro de 1981, que no se ha vuelto a reeditar, que contiene todo lo que quisiéramos y no quisiéramos descubrir, pero nos envuelve, nos expresa, nos abarca. Un tratado sobre nosotros mismos, donde encontramos lecciones de vida como ésta:

“Hay cosas que merecemos conocer y que debemos ignorar. Todo es merecimiento.

Cada dolencia, cada enfermedad, viene al mundo tras de su remedio. Hay cuerpos que merecen ser uno con sus propias almas, limpios hasta que ni se notan sus junturas y hay otras que merecen el desequilibrio constante, siempre huérfanos de algo, metidos en sí mismos, como una cueva dentro de otra cueva. Como ciegos que además de ciegos fueran tuertos. Incapaces de darle nada al mundo, sin jamás comprender, que las almas se alimentan de ofrendas, y que son mas conforme mas entregas, y conforme mas das, tu posees mas…”

Ese hombre, que murió, repito, sordo, sufriendo, en la pobreza, fue el gran vate cantor del Amazonas.
Las Tres mitades de Ino Moxo no ha vuelto a ser conocido por los loretanos, por los peruanos, por las nuevas generaciones. Un proyecto editorial para reeditarlo duerme el sueño de los justos en cualquier oficina burocrática, mientras se priva a la humanidad del privilegio de la estética y la emoción. Ese hombre que hace grande el conocimiento de nuestras verdades no tiene su nombre inscrito en una calle
(y tampoco le hubiera importado tenerlo), pero tuvo la grandeza de iluminar con sus sueños,
sus emociones, su fantasía. Hizo que el mundo, aún gris e irresuelto, fuera mejor, aunque sea un poquito en las mentes y los corazones de tantas y tantos.

Porque aquél hombre, ese mismo, fue quien un día de 1974, en una conferencia de la cual muchos aún tenemos el recuerdo, dejó para la posteridad una declaración de principios sin atenuantes
ni intermediarios, sobre la creación y la hermandad cósmica: “Se escribe un poema, finalmente,
se escribe un poema para que en algún lugar del mundo, mañana o dentro de veinte años
la pareja que está por suicidarse alcance a leerlo, y desista, desista por lo menos unos días,
y comprenda que la vida es siempre hermosa a pesar de la vida… y a pesar del poema.”

Una vida digna de un pedestal y un recuerdo imborrable.

Desde la Casona UNMSM - Homenaje a César Calvo

Desde la Casona UNMSM- Homenaje a César Calvo